Tras la victoria de Donald Trump, este gran escritor y pacifista israelí le escribió una carta a Angela Merkel: «Es usted ahora la única líder del mundo libre». Amos Oz, que lleva medio siglo abogando por crear un estado palestino, sabe que son malos tiempos para su causa… Y para muchas otras. Por Nicola Abé y Britta Sandberg / Fotos: Getty Images, Cordon Press y Contacto

Amos Oz nos recibe en su modesta vivienda, situada en un duodécimo piso con vistas a la bahía de Tel Aviv.

Este escritor israelí, eterno candidato al Nobel, es un peligroso radical para muchos de sus compatriotas. Para otros, sin embargo, representa la conciencia liberal de su país. A sus 77 años, Oz ha conocido de primera mano algunos de los grandes acontecimientos de la breve pero intensa historia de Israel defendiendo siempre con furia y pasión la convivencia con los palestinos. Ahora, con Donald Trump en la Casa Blanca, mira al futuro con pesimismo.

El escritor y activista israelí, premio Príncipe de Asturias en 2007, es también profesor de Literatura y miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes

XLSemanal. Trump ha sido el primer presidente de Estados Unidos que ha dicho: «Aceptaré una solución de uno o dos Estados» para resolver el conflicto entre palestinos e israelíes. Usted, que lleva décadas abogando por la solución de dos Estados, ¿cómo recibió esas declaraciones?

Amos Oz. Me pareció un chiste grotesco. Vino a decir que le da igual un Estado que dos, que hagáis lo que queráis. Eso no es una declaración de política exterior que se pueda tomar en serio. Es más bien un encogerse de hombros. Trump no tiene la menor idea de qué hacer en Oriente Medio. Quizá necesite más tiempo o que le asesoren. Pero, eso sí, hay una cosa que no ha dicho en absoluto: «Señor Netanyahu, quédese con Cisjordania cuando quiera. Los americanos lo apoyamos en eso».

XL. Pero esa solución de dos Estados soberanos parece cada vez más lejana…

A.O. Sí, no corren buenos tiempos. A los que apoyamos esa solución nos atacan desde la extrema derecha y la extrema izquierda. Si fuese una persona paranoica, creería que ambas van de la mano. La derecha dice que debería haber un único Estado judío. La izquierda dice que deberíamos olvidarnos de la autodeterminación judía y vivir como una minoría dentro de un Estado árabe, algo parecido a los blancos en Sudáfrica. La palabra clave para ambos bandos es que la situación en Cisjordania es irreversible. Odio esa palabra.

XL. ¿Por qué?

A.O. Porque a lo largo de mi vida he visto que las cosas se pueden revertir. La mañana en la que me levanté con la noticia de que Trump acababa de ser elegido presidente de Estados Unidos, le escribí una carta a Angela Merkel. Le dije que, para mí, ella era ahora la única líder del mundo libre. Más de 70 años después de Hitler, una canciller alemana, una mujer, es para mí la líder del mundo libre… ¡Vamos, que no me vengan a hablar a mí de irreversibilidad!

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Adiós a un líder y un amigo: el escritor pronunció un discurso en el funeral de Shimon Peres, último gran líder del sionismo de izquierdas, tendencia a la que pertenece Oz

XL. ¿Los métodos un tanto toscos de Trump podrían suponer una oportunidad?

A.O. Ojalá alguien me dijera cuáles son los planes de Trump para Oriente Medio. Yo no los conozco. Cualquier cosa es posible.

XL. ¿Estamos asistiendo a un retroceso en materia de democracia y progreso?

A.O. Mire, Stalin y Hitler nos hicieron sin saberlo un ‘regalo’ maravilloso. Nos legaron 60 años de rechazo y resistencia ante la violencia, el racismo y el militarismo. Nos hicieron, de alguna manera, inmunes a esas tendencias. Pero todo apunta a que ese ‘regalo’ de Stalin y Hitler ha alcanzado su fecha de caducidad. Nos hemos malacostumbrado, hemos vivido en una relativa edad de oro. Relativa porque tuvimos un Vietnam y una Sudáfrica, y también una Yugoslavia. Pero en general se puede decir que tuvimos una buena época entre el final de la Segunda Guerra Mundial y el 11-S.

“Judíos y palestinos somos dos familias desgraciadas y mal avenidas. ¡Dividamos la casa y así quizá aprendamos!”

XL. Pero en todos esos años, apenas se avanzó en la resolución del conflicto de Oriente Medio. ¿Sigue creyendo que dos Estados es el único camino hacia la paz?

A.O. Por mucha pena que me dé, no veo otra posibilidad. Solo se me ocurre un ejemplo de Estado plurinacional que funcione, y ese es Suiza. En todos los demás, en Chipre, Yugoslavia, la Unión Soviética, acabaron en terribles baños de sangre. Los palestinos no tienen adónde ir. Los judíos israelíes tampoco se van a marchar. Pero tampoco podemos convertirnos en una sola familia, feliz y bien avenida. Somos dos familias desgraciadas y mal avenidas. Lo que tendríamos que hacer es dividir la casa en dos apartamentos pequeños y aprender a darnos los buenos días cuando nos encontremos por la mañana en el portal. Quizá así algún día hasta llegaríamos a tomarnos un café juntos. Pero necesitamos esa casa para dos familias.

XL. Usted ha afirmado que ahora hay más indiferencia y apatía en la sociedad israelí que hace cincuenta años. ¿A qué se debe?

A.O. Este sangriento conflicto dura ya demasiado. Winston Churchill dijo en 1940 que la guerra le había dado a Gran Bretaña su mejor hora, pero una guerra prolongada como esta tiene un efecto debilitador: arruina el espíritu de la población y el del Estado. Está teniendo efectos terribles sobre nosotros y sobre los palestinos. Uno de esos efectos es la indiferencia. Las personas de a pie dicen que da igual, que ellos no pueden hacer nada. Simplemente esperan que de un día para otro la cosa se arregle y, mientras tanto, quieren vivir su vida.

XL. Usted ha escrito que lo que ocurre en Cisjordania bordea los crímenes de guerra. La mayor parte de los israelíes lo ve de otra manera…

A.O. La gente quiere sentirse bien, pero no solo aquí, en todas partes. En muchos medios de comunicación se habla de las cosas terribles que los colonos y los soldados israelíes les hacen a los palestinos. Eso no les parece bien a muchos de mis compatriotas, pero también quieren seguir con sus vidas. Se dicen a sí mismos que, comparada con Siria o con Irak, Cisjordania es un paraíso. Fui uno de los primeros en advertir, tras la Guerra de los Seis Días, de que esta ocupación nos haría mucho daño. Es una situación que corrompe tanto al ocupante como al ocupado.

XL. ¿Qué quiere decir con eso?

A.O. Es un error darle una ametralladora a un soldado de 18 años y hacerle sentirse el amo de una aldea árabe. Ningún hombre debería tener ese poder sobre la vida y la muerte de individuos indefensos, ese poder te corrompe. Y entre los ocupados provoca una violencia desesperada, salvaje. Hace 50 años, la Guerra de los Seis Días sentó las bases de un profundo odio. Ya lo dije entonces, cuando muchos celebraban que habían liberado la tierra de sus antepasados. Solo se puede liberar a personas, no a países. No llegamos como libertadores, llegamos como ocupantes.

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Activismo a pie de campo: Oz apoya la creación de un Estado palestino y se precia de tener amigos palestinos. En la foto, recolectando aceitunas en Cisjordania en 2002

XL. Usted combatió en esa guerra, en el Sinaí. ¿Le transformó la experiencia?

A.O. Sí, la guerra me transformó, me convirtió en un obstinado activista a favor de la paz. Es extraño, pero nunca he escrito sobre aquella guerra. Por encima de todo, el campo de batalla es un lugar dominado por olores indescriptibles, más que por imágenes o sonidos. No es fácil escribir sobre eso…

XL. ¿Conserva muchos recuerdos de aquella guerra?

A.O. Sí, tengo uno muy curioso. El primer día estaba con otros soldados sentado en la pendiente de una duna. De repente, nos dispararon desde otra duna justo enfrente. Vi a aquellas pequeñas figuras en la distancia, apuntándonos. Mi primer impulso fue llamar a la policía. Pensé que estaban chiflados, ¿cómo se les ocurría disparar en nuestra dirección si veían perfectamente que estábamos ahí? Fue la última reacción humana que tuve en aquella guerra.

XL. El primer ministro Netanyahu vuelve a ser investigando por corrupción. ¿Cree que está en una situación delicada?

A.O. Creo que esta vez sí que está metido en problemas. Parece que tiene unas exigencias morales totalmente diferentes a las de los políticos que lo precedieron. ¿Qué me gustaría que pasara? Me encantaría ver cómo este Gobierno se va al infierno. También me habría encantado que se fuera al infierno el anterior.

XL. Pero lo cierto es que buena parte de la población israelí sigue apoyándole.

A.O. No creo que los israelíes sean más tolerantes a la corrupción que en Francia, Italia o Estados Unidos. Pero existe el Israel del día y el de la noche. El primero tiene confianza en sí mismo, es atrevido, apasionado, como cualquier otro país mediterráneo. Es hedonista, materialista y casi arrogante. En el de la noche, la gente es asustadiza, vive afligida por todo tipo de preocupaciones existenciales.

“Es un error darle una ametralladora a un soldado de 18 años y hacerle sentirse el amo de una aldea árabe”

XL. ¿A qué tipo de preocupaciones se refiere?

A.O. Esas preocupaciones no carecen de fundamento. Es verdad que el pueblo judío tiene un aliado firme en Estados Unidos, pero también que no forma parte de una familia más amplia, como la familia europea o la árabe musulmana. El que no entienda esta ambivalencia no entiende a Israel. Tampoco entenderá por qué Netanyahu pudo ganar las elecciones diciendo: Irán quiere destruirnos, el Estado Islámico viene a por nosotros, los árabes vienen a por nosotros, el mundo entero nos odia.

XL. ¿Así que Netanyahu puede volver a sobrevivir políticamente a estas nuevas investigaciones en su contra?

A.O. No lo sé. La democracia está atravesando una profunda crisis en otros muchos lugares del mundo. La política se ha convertido en parte de la industria del entretenimiento. La gente ya no elige a los mejores políticos, sino a los candidatos más entretenidos, a los que más gracia le hacen.

XL. ¿Se refiere a Estados Unidos?

A.O. No solo. Por desgracia, también me refiero a nuestra querida Europa.

XL. ¿Qué esperanzas hay para la paz en Oriente Medio?

A.O. Creo que habrá una escalada de la violencia o bien un cambio radical en todo el escenario de Oriente Medio. Es muy posible, y es algo que también les digo a mis amigos árabes, que los palestinos hayan dejado pasar una ocasión histórica. Hubo un tiempo en que la opinión pública mundial y la mayor parte de la población de Israel estaban de su lado. Pero llegó el Estado Islámico y el fundamentalismo islamista, y a los políticos israelíes les resultó muy fácil meter la lucha de los palestinos por un Estado propio en el mismo saco que esos movimientos fundamentalistas.

XL. ¿Y eso significó el final de la solución de los dos Estados, como se asegura desde la derecha en Israel?

A.O. No, pero es posible que a los palestinos se les acabe imponiendo un Estado. Podría ser parte de un acuerdo entre Israel y los países árabes moderados, pero no directamente entre Israel y los palestinos.

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Con su esposa, Nily Zuckerman. Se casaron en 1960 y tienen tres hijos

XL. ¿Cómo describiría su estado de ánimo personal estos días? ¿Se siente más pesimista que de costumbre?

A.O. Me gustaría dejarles a mis hijos y nietos un mundo mejor que este. Pero cuando me paro a pensar en el mundo que me dejaron a mí, un mundo con Hitler, Mussolini y Franco, el de ahora ya no me parece tan malo.


Malos tiempos para la Paz… con Trump

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