Conquistar el tiempo

REINOS DE HUMO

El hombre lleva milenios dedicando su pensamiento y su fuerza a la empresa de conquistar el tiempo. La conciencia de su vida breve, así fuera faraón o esclavo, lo ha llevado a imaginar otras posteriores, invocar a los dioses, crear arte y hacer la guerra. Seguimos inventando recipientes físicos y culturales para contener el tiempo y compensar la fugacidad de lo que somos, desde el cuento oral a la escritura, desde el retablo a la fotografía. Quizás uno de los más hermosos contenedores que hemos ideado sea la botella. El translúcido recipiente hecho de arena y fuego que ha portado la vida y la muerte en forma de agua, mensajes, perfumes y venenos, pero que alcanzó la inmortalidad guardando y puliendo vinos. Me suscitan la reflexión un marsala stravecchio encerrado bajo el corcho desde 1956 y también un madeira de Henriques & Henriques de 1971 que sirve, generoso, Josep Roca, pero bien pudieran haber sido otros más nuestros, amontillados o palo cortados, como ellos hijos del tiempo y el silencio, seres complejos y sutiles a fuerza de madera y años, tan iguales a nosotros mismos en etapas vitales, también dependientes del cuidado de los hombres y del oxígeno para existir. Para ganar la inmortalidad, solo hay dos alternativas: morir joven como un héroe o perdurar sin límite, convirtiendo la decadencia física en el tiempo más bello, pleno de matices y sabiduría, como hacen estos vinos fortificados que superan en silencio los límites de lo que parecería razonable. Si el poeta decía la verdad y «el tiempo solo se conquista con tiempo», se entenderá por qué se los bautizó con el apellido de ‘generosos’.