Más de la mitad de los europeos come en la oficina. En España, ya lo hace el 30 por ciento. Y la tendencia va a más. Llevar comida de casa tiene ventajas e inconvenientes. Por Daniel Méndez 

Consecuencias de la ‘comida rápida’

Y no hablamos de fast food, sino del tiempo invertido en comer. Según un estudio de la Universidad de Zaragoza, el 25 por ciento de los españoles dedica 15 minutos o menos a comer entre semana -el porcentaje asciende al 50 por ciento en los jóvenes de entre los 18 y los 24 años-. ¿El motivo? Le damos preferencia a los compromisos laborales antes que a nuestra dieta. La misma encuesta recoge algunas de las consecuencias de este mal hábito: más de la mitad de las mujeres afirma notar alguna molestia digestiva derivada del hecho de comer rápido. Desde luego no es uno de los consejos para vivir más.

La comida distraída

Los anglosajones usan la expresión mindless eating (algo así como comida distraída) para reflejar lo que ocurre cuando comemos mirando al ordenador. no prestamos atención a lo que ingerimos. Esto implica que la leptina -la hormona encargada de avisar al hipotálamo de que estamos saciados- llega tarde y comemos más de lo necesario.

Ahorrar en salud

Reducir el menú a una pieza de fruta es una mala idea para la salud. Pero incide en la razón por la que muchos optan por llevar comida de casa: gastar menos. Comer fuera de casa cuesta una media de 217 euros al mes, según la Federación de Usuarios-Consumidores Independientes.

Cuestión de protocolo

Entre los consejos que destacar a la hora de elegir el menú para llevarse a la oficina, se encuentra el no molestar a los demás: no olvidemos que estamos en un entorno laboral. Conviene evitar alimentos que desprendan un olor fuerte y es un requisito fundamental limpiar todo al terminar.

El problema: la soledad

Otra consecuencia de comer frente al ordenador es que se pierde el componente social del almuerzo. tendemos a comer en solitario. La elección del plato está ligada al clima: en el norte es más habitual la cuchara que en el sur. Y seguimos comiendo poco pescado.

Una opción minoritaria

Según varios estudios recientes, el 58 por ciento de los españoles sigue optando por el menú del día; un 30 por ciento se lleva la comida de casa; solo un 7 por ciento opta por establecimientos de comida rápida y un 3 por ciento prefiere pedir comida preparada.


Cómo almorzar (bien) en la oficina

Puesto que es una tendencia en alza, mejor practicarla bien. Estos son los diez consejos de la nutricionista Ana Luzón para llevar una dieta equilibrada en la oficina.

1. Levántate y anda. Lo mejor es tomarse una pausa, aunque sea de cuarto de hora, para comer sin mirar al ordenador. Es más sano para nuestro cerebro. tendemos a pensar que cuanto más trabajo intelectual, mejor. ¡Error! Si no hacemos una pausa cada dos horas, las neuronas se van muriendo.

2. Plato único. Es posible llevarte una sola cosa en el tupper y que tenga todos los nutrientes necesarios. Ejemplo. pasta hervida con judías verdes, puerro, zanahoria, pimiento y carne. Otro. garbanzos hervidos con tomate, pimiento, cebolla y jamón serrano. O una ensaladilla rusa con huevo duro y salmón ahumado. O un pollo con guisantes, champiñón, zanahoria, tomate y ajo. O cualquier ensalada de arroz.

3. La clave está en la fibra. Objetivo. un porcentaje importante de alimentos tiene que ser de origen vegetal y tener fibra. No hay por qué prescindir de los hidratos de carbono -arroz, pasta, patatas o legumbres-, pero siempre acompañados de mucha verdura ¡Y no es suficiente! Salvo que combinemos en un mismo plato legumbres con cereales, necesitaremos añadir proteína de origen animal, que son las que fabrican nuestra materia corporal.

4. Fruta, pero no cualquiera. Hay quien dice que la fruta de postre engorda ¡Tonterías! La vitamina C es fundamental para absorber el hierro que aportan los alimentos de origen animal. Lo mejor, frutas ácidas, que son las que tienen menos calorías, más fibra, más vitamina C: kiwi, piñas, fresas, frambuesas, mandarinas.

5. ¿Y si como fuera? Lo mejor es llevar tu propia comida al menos tres de los cinco días. así tenemos más control sobre cómo está preparada, qué tipo de grasa se ha usado Si comemos fuera, debemos buscar dos cosas. que la comida aporte la fibra suficiente -es decir, platos de origen vegetal que sean consistentes. ¡Tres hojas de lechuga no sirven!- y huir de los fritos. De postre, fruta.

6. ¿Picoteo entre horas? Hay que picar algo a media mañana y a media tarde. Es mejor hacer cinco comidas al día. Y evitar tentaciones. Lo que sí podemos comer. una pulguita, un zumo, unas aceitunas, almendras, un yogur Así mantendremos el nivel estable de glucosa y evitamos llegar muertos de hambre a la cena.

7. Qué beber. Ante todo, beber mucho. no hay que olvidar que somos agua en un 60 por ciento.

8. Ojo a la cadena del frío. Sobre todo ahora que vamos hacia el calor. El pollo o el pescado son muy lábiles ante los cambios de temperatura y tienen poco tiempo de conservación. Podemos prepararlos por la noche sin problemas y luego darle un pequeño golpe de calor en el micro muy resistentes y no hace falta ni meterlas a la nevera.

9. ¿Comida de encargo o casera? Mejor casera, pero por comer algún día una pizza o un sushi no pasa nada. Puestos a comer un sándwich mejor bajar al bar y que preparen un bocata de jamón con tomate para llevar. Y compensarlo por la noche con un buen plato de verdura y pescado.

10. Tengo un plan. Conviene tener en la despensa mucha variedad de alimentos que nos permita improvisar una comida equilibrada para llevar. Las verduras congeladas, por ejemplo, son muy buena opción y a menudo están más frescas que las que compramos en la tienda. se congelan en el momento de la recogida. Y nunca se debe cocinar un mismo plato para comer cuatro días seguidos. ¡La clave es la variedad!