Fue el que tuvo la idea de LinkedIn. A pesar de ser un pionero de las redes sociales, antes de fichar a Weiner como consejero delegado, su compañía perdía 4,5 millones al año. Su lema es crear empresas de impacto masivo y dejar que otros las gestionen. Por Carlos Manuel Sánchez

Iba para filósofo y lleva años dándole vueltas a una pregunta: ¿cuál es el sentido de la vida? “No creo que sea la felicidad. ¿Qué impacto estás teniendo en el mundo?”, reflexiona Reid Hoffman, californiano de 46 años. “Mi plan era convertirme en profesor universitario. Gané una beca para estudiar Filosofía en Oxford. Quería ser un intelectual… Pero la universidad no era la plataforma adecuada. Así que decidí ser un empresario de Internet. Cuando escribes un ensayo académico tienes 50 lectores, pero con un servicio en la Red puedes llegar a cientos de millones de personas”.

“El mejor necocio eres tú: invierte”

Impacto masivo. Son sus palabras favoritas. “Necesitas una inversión de entre 5 y 30 millones de dólares para afectar las vidas de millones. Y eso es lo que hago. Aplico herramientas tecnológicas a cuestiones empresariales para tener un impacto masivo”. Hoffman es la persona mejor conectada de Silicon Valley. Sus credenciales no cabrían en una tarjeta de visita: cofundador de LinkedIn (controla el 21%), miembro de la junta de Zynga, Airbnb, Mozilla , socio de la empresa de capital riesgo Greylock, exdirectivo de PayPal, etcétera. Recibe diariamente 500 correos electrónicos y 40 propuestas de negocios.

Como todo gurú ha escrito el inevitable libro de autoayuda titulado El mejor negocio eres tú: adáptate al futuro, invierte en ti mismo e impulsa tu carrera. Si él no te puede ayudar, seguro que conoce a alguien que sí. Es el apóstol del networking, de las conexiones. Un pionero de las redes sociales. ¡Y qué olfato! Fue de los primeros en invertir en Digg, Flickr, Last.fm, Groupon…  También ha metido la pata. Se le escapó Twitter y no previó lo grande que se haría Facebook, y eso que Mark Zuckerberg acudió a él para pedirle consejo y financiación.

En la escuela no iba bien, por lo que lo llevaron a un internado. De ahí a Stanford, donde conoció a Peter Thiel. Fundaron Paypal y se hicieron inseparables

Reconoce sus errores. Y cae bien. No le importa su aspecto físico. Está pasado de kilos y se viste con lo primero que encuentra; camiseta y vaqueros que le compra su mujer, Michelle. Ella trabaja en sanidad y lleva su propia vida. “La mayoría de mis contactos ni siquiera la conocen”, confiesa Hoffman, que separa la vida profesional de la personal. No tienen hijos. Viven en una casa de clase media en Palo Alto (California). Forbes valora su fortuna en 4400 millones de dólares. “Podría tener un avión, pero prefiero comprarme bonos para vuelos baratos”. ¿Sus vicios? “Comer bien y los cacharros electrónicos. Llevo encima cinco teléfonos móviles” .

Es hijo de una pareja de abogados y activistas demócratas. A los diez años no se despegaba de la videoconsola. Ganó su primer cheque (127 dólares) escribiendo una crítica de un videojuego. Tenía doce años. En la escuela no iba bien, por lo que lo llevaron a un internado. De allí fue a la Universidad de Stanford, donde conoció a su socio Peter Thiel, que fundaría PayPal, la compañía de pagos electrónicos. Se hicieron inseparables. Discutían siempre, en especial sobre Margaret Thatcher. Hoffman quería demostrar que la Dama de Hierro se equivocaba al decir que la sociedad no existe, solo los individuos. “Siempre aspiré a crear comunidades” .

Su primer intento de crear una colectividad fue SocialNet, un precursor de Facebook. Pero no tuvo el impacto masivo que esperaba. Una campaña publicitaria solo consiguió captar a dos usuarios. “Era una gran idea, pero llegó demasiado pronto. Aprendí mucho, pero lo pagué con sangre” .