Cuando ya nada funcionaba contra la locura, antiguamente se llamaba al matasanos para que extrajera ‘la piedra’ de la locura. Por Daniel Méndez

La histeria: ¿nacía en el útero?

Era cosa de mujeres. Así lo indicaba su nombre: istera, ‘útero’ en griego. Hay que remontarse a Hipócrates para entenderlo: en su época se creía que el útero era móvil y enfermaba a la mujer si le subía hasta el pecho. La percepción de la histeria como un mal femenino perduró hasta el siglo XX, y durante mucho tiempo se trataba con masajes del médico a la mujer hasta conducirla al orgasmo. El término ya no se usa en el ámbito clínico.

¿Epilepsia, castigo divino?

Hipócrates dedicó también virulentos párrafos a combatir el supuesto origen sobrenatural de muchas enfermedades. Entre ellas, la epilepsia, que él consideraba un mal natural y no un castigo de los dioses.

Los males de la frenología

En el XVIII, el austriaco Franz J. Gall afirmó que cada función cerebral lenguaje, memoria residía en una parte concreta de la cabeza. Su acierto abrió, sin embargo, la puerta a la frenología, por la cual se podían determinar el carácter y hasta las tendencias criminales de alguien según la forma de su cráneo. Causó brutales discriminaciones en los siglos XIX y XX.

Inteligencia: cuestión de raza

También el francés Paul Broca abrió la puerta a peligrosos disparates. Acertó al identificar a mediados del XIX el córtex, una zona relacionada con el habla, pero no al vincular masa encefálica e inteligencia. Para probarlo, propuso escoger razas cuyas deficiencias intelectuales sean obvias y comparar sus cerebros . La deriva racista de su teoría fue inevitable. Relacionó a su vez la longitud de un hueso del antebrazo y otro del brazo con la inteligencia: en el mono eran más largos que en el hombre. Cuando midió esos huesos en europeos, asiáticos o primitivos de piel oscura, vio que los blancos estaban más cerca del mono y descartó su tesis. Creía a su vez que la mujer era intelectualmente inferior al hombre.

Depresión

Cada mal se origina, según Hipócrates, en el desequilibrio de uno de los fluidos corporales que, en la salud, se hallan en la proporción adecuada: la sangre, la bilis amarilla, la flema y la bilis negra. Un exceso de esta última provocaba una gran tristeza. Su teoría dio paso al término ‘melancolía’ (‘bilis negra’ en griego), utilizado antiguamente para nombrar la depresión. Así comenzó a llamársela en el siglo XVII y su uso se generalizó en el siguiente cuando se convierte en una enfermedad que tratar, con terapia o fármacos.

Y ‘locura’

De la mazmorra al hospital, del castigo y la discriminación a la terapia. La locura, la más castigada, se trataba con sangrías, reclusión, azotes, castración… Más dura, si cabe, fue la lobotomía. El neurólogo Egas Moniz realizó la primera en 1935. Tras su periodo de auge se vio que el seis por ciento de los pacientes no sobrevivían a la operación y que el resto sufría después trastornos de personalidad. La última lobotomía se realizó en 1967.