Drogadictos, sintechos, marginados y perros conviven en el subsuelo de Bucarest. Un fotógrafo italiano se ha atrevido a adentrarse en esos túneles de la capital rumana donde se mezclan el horror, la miseria y el compañerismo. Por Massimo Branca

Durante la dictadura, Ceaucescu hizo construir en Bucarest un sistema de túneles para llevar la calefacción a toda la ciudad. Nada más caer el régimen en 1989, en esos túneles empezaron a instalarse los primeros sintechos que huían del frío y que no hicieron más que aumentar los siguientes años por la ruina económica. En este laberinto es difícil encontrar un lugar privado, pero es el único hogar que ellos conocen.

Su líder es un hombre que se hace llamar Bruce Lee y que, a modo de gorro y adorno, suele cubrirse el pelo con Aurolac, un disolvente tóxico al que muchos están enganchados.

Bruce Lee se ocupa de que haya siempre una comida caliente al día. Él, que fue un bebé abandonado por sus padres, quiso crear un hogar para los miserables que comparten túneles con él. No le resultó difícil aglutinarlos y organizarlos. Tiene ‘labia’ y, según dicen, madera de predicador.
Lo mismo que siempre lo siguen los perros, lo siguen algunos hombres. Tampoco le falta ‘carácter’. Ahora está en prisión, condenado por tráfico de drogas. Civilizó una parte de los túneles. Puso a los chicos a trabajar, a pintar paredes, a construir baños… Y les pagaba por ello. Bruce se encarga de que en el inframundo haya electricidad con generadores que ha ido ‘consiguiendo’. Hasta llegaron a tener un televisor. Pero a veces se va la luz y vuelven las velas.

Massimo Branca, el fotógrafo, reparó en estos túneles, al ver a una persona entrando en uno de ellos, frente a la estación central, cuando visitaba Bucarest como turista. Y en lugar de mirar para otro lado decidió adentrarse en ellos. Durante los últimos años ha vuelto en numerosas ocasiones. Quiere reivindicarlos: “La miseria sigue, es cierto, pero Bruce Lee les ofreció algo de dignidad”. Lo que no implica negar lo obvio: muchos de ellos delinquen para sobrevivir o para drogarse, y en los últimos meses la Policía ha llevado a cabo varias redadas por la alarma de los ciudadanos.