Son los héroes de la guerra siria. Voluntarios que arriesgan su vida para rescatar de entre los escombros a los supervivientes de cada bombardeo. Un documental sobre ellos opta a los Oscar, pero su historia supera cualquier película. Por Carlos Manuel Sánchez

El hombre sigue con unos prismáticos la trayectoria de los aviones rusos y sirios, pero no le hace falta mirar al cielo para predecir el alcance de la devastación. Le basta con escuchar el estruendo de los motores.

Sabe que es mejor que le sobrevuelen los Mig-29 -que disparan misiles- a los temibles Sukhoi 24, pues estos últimos lanzan bombas de racimo. Pero lo peor son los helicópteros. El sonido de sus hélices provoca el pánico de la población. Porque desde los helicópteros que vuelan a gran altura se lanzan bombas de barril.

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Los primeros en llegar: cascos blancos rescatan a un niño de entre las ruinas de su casa, destruida por una bomba de barril, en Alepo. Han salvado más de 78.000 vidas y no tienen adscripción política ni religiosa

Un armamento barato: bidones, barriles de petróleo o bombonas de gas que se rellenan con cartuchos de dinamita, clavos y chatarra, a los que a veces se añade fertilizante o cloro. Las bombas de barril revientan los muros de ladrillo y hacen que edificios enteros se desplomen, causando numerosas bajas civiles.

Es entonces cuando empieza el trabajo de este hombre que se llama Raed Saleh. «No es ninguna exageración que digan que hacemos uno de los trabajos más peligrosos del mundo», explica. Saleh dirige la Defensa Civil Siria, un grupo de 3300 voluntarios, más conocidos como los cascos blancos, que rastrean a diario los lugares bombardeados en busca de supervivientes que rescatar de los escombros. Han salvado a 78.000 personas desde su creación, en 2013.

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Los hijos de todos: este voluntario se llama Khalid Farah y era albañil antes de la guerra. «Tengo una hija, Amal. Cuando estoy en un rescate, pienso en las personas que están bajo los escombros como si fueran mi familia»

No tienen adscripción política ni religiosa, pero solo operan en la zona rebelde por una sencilla razón: el gobierno de Bashar al-Asad los quiere presos o muertos. Hasta el momento 148 cascos blancos han perdido la vida y 450 han sido heridos, la mayoría en segundos ataques, cuando los aviones y helicópteros regresan pocos minutos después del bombardeo para ‘cazar’ a los miembros de los equipos de socorro. Entre los fallecidos está Khaled Omar Harrah, que salvó a un bebé de diez días en 2014. La secuencia del rescate del ‘bebé milagro’ es la más emotiva de un documental de Netflix sobre su labor, que aspira al Oscar.

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El milagro: este bebé estuvo 16 horas bajo los escombros en Alepo. Khaled Omar Harrah fue su salvador. La escena se convirtió en viral. El niño, con el que Khaled posó meses después, vive ahora en Turquía. Su rescatador murió en agosto durante otro bombardeo

Nadie se lo pone fácil. Como las demás ONG, los cascos blancos deben negociar el acceso
-barrio por barrio- con los diferentes grupos armados, ayuntamientos, asociaciones vecinales… Se desplazan en una camioneta, trabajan sin descanso durante horas y se llevan a los heridos a hospitales que funcionan en secreto, sin letreros, en sótanos de edificios, pues también se han convertido en objetivo de las bombas.

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Perseguidos: los cascos blancos son admirados por los vecinos de los 120 barrios y pueblos donde prestan su servicio. Y colaboran con organizaciones como Médicos sin Fronteras. Pero el Gobierno de Asad los persigue. Y son blanco de la aviación

Antes de la guerra eran estudiantes, sastres, panaderos, mecánicos, carpinteros, taxistas… Tienen entre 18 y 35 años. Se han negado a empuñar las armas, sea en el Ejército gubernamental o en cualquiera de las facciones rebeldes, incluidos los yihadistas. «Todos hemos hecho un juramento:    salvar vidas, no importa la ideología o la religión de las víctimas. Somos neutrales, imparciales y hacemos una labor estrictamente humanitaria», cuenta Saleh, que es natural de Idlib y regentaba un comercio de electrónica. Está casado y tiene dos hijos. «Hacía una vida muy normal. Me gustaba ir a la cafetería con mis amigos a fumar en pipa de agua y ver el fútbol. Soy del Real Madrid, pero mis amigos son del Barça», recuerda. «El ISIS dice que somos apóstatas, y Asad que somos terroristas. No podemos irnos de Siria. Si toda la gente buena se va, ¿a quién le vamos a dejar el país?», se lamenta su compañero Shahoud Hussein, que tenía una tienda de decoración. «Nunca quise unirme a ningún grupo rebelde ni al Ejército del Gobierno. No quiero matar a nadie. Siento que mi deber es estar aquí y ayudar».

Nominados para el premio Nobel de la paz

La Defensa Civil Siria fue fundada por James Le Mesurier, un exmilitar británico galardonado el pasado junio con la Orden del Imperio Británico «por su protección de civiles sirios». La financiación llega de Estados Unidos, Holanda, Dinamarca, Japón, Reino Unido, Jordania y Turquía, y se canaliza a través de la organización Mayday Rescue. Los voluntarios reciben una semana de entrenamiento de una ONG turca especializada en rescate de víctimas de terremotos. Y cobran un salario de 90 euros al mes.

Ya han muerto 148 cascos blancos. “No podemos irnos de Siria -dice un voluntario-. Si toda la gente buena se va, ¿a quién le dejaremos el país?”

Los medios anglosajones los consideran héroes. Han sido nominados para el Premio Nobel de la Paz y el actor George Clooney prepara una película, influenciado por su esposa, la abogada y activista Amal Alamuddin. Por el contrario, para los medios rusos son unos villanos y han lanzado una intensa campaña de propaganda contra ellos.

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Demasiado tarde: un voluntario lleva en brazos a un niño muerto en un bombardeo de la aviación rusa. La guerra se ha cobrado la vida de 290.000 civiles en Siria. «Nuestro lema es que salvar una vida es salvar a la humanidad», dice uno de estos voluntarios

Los canales controlados por Vladimir Putin los acusan de connivencia con los yihadistas y de escenificar los rescates. Más allá de la controversia, Saleh puntualiza: «Esta guerra terminará algún día. Y los cascos blancos queremos formar parte de la reconstrucción y la reconciliación de los sirios. Nuestro lema es que salvar una sola vida es salvar a la humanidad».