Algunos integrantes de la cultura francesa actuaron con tibieza y otros no tuvieron reparo en colaborar con las fuerzas de ocupación alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. Por José Segovia

Fue el caso de los artistas que aceptaron la invitación de Joseph Goebbels, ministro de Propaganda nazi, para visitar Alemania en otoño de 1941, cuando Francia ya había capitulado. Entre ellos se encontraban los pintores fauvistas Derain, Vlaminck y Van Dongen. También viajaron los escultores Charles Despiau y Paul Belmondo (padre del actor Jean-Paul Belmondo), entre otras celebridades del mundo cultural.

También hubo muchos que se enfrentaron al nazismo, como André Malraux, Albert Camus, Louis Aragon o Paul Éluard. En París, los surrealistas que habían sufrido los horrores de la Primera Guerra Mundial rompieron su promesa de no tomar las armas nunca más en defensa de su país. Paul Éluard, que fue llamado a filas con el rango de teniente, se pasó a la resistencia cuando el Ejército francés capituló. André Breton, que fue destinado a Poitiers como médico de la escuela de pilotos, trató de escapar de Francia tras la entrada de los alemanes en París. Louis Aragon, que en aquellas fechas se había distanciado del grupo por su compromiso con el Partido Comunista, sirvió en un destacamento médico en el frente y ayudó a organizar la resistencia.

Jean Cocteau ayudó al servicio de inteligencia alemán: “No me pueden distraer las frivolidades de la guerra”, dijo

Distinto fue el caso de Jean Cocteau, que colaboró con el servicio de inteligencia alemán. Lo hizo por los beneficios que obtenía al mantener buenas relaciones con las autoridades nazis. «Uno no debe permitir bajo ningún concepto que las frivolidades de la guerra lo distraigan de los asuntos serios», escribió Cocteau en su diario.

Hubo otros artistas y escritores cuyo único objetivo era huir del país para no caer en manos de la Gestapo. Entre ellos se encontraba el pintor alemán de origen judío Max Ernst, que vivía junto con la británica Leonora Carrington en Saint Martin d´Ardèche, en el sur del país. En 1941 fue detenido por la Gestapo por su condición de judío.

Carrington enloqueció y fue recluida en un sanatorio, aunque poco después mejoró y consiguió escapar a Lisboa. Aquella terrible experiencia arruinó su relación con el pintor surrealista. Por su parte, Ernst salió del campo de internamiento y huyó a América con la ayuda de la coleccionista y mecenas estadounidense de arte Peggy Guggenheim, con la que terminaría casándose.

Vía de escape

El periodista estadounidense Varian Fry alquiló un caserón en Marsella para organizar la huida de muchos intelectuales y artistas europeos que estaban en la lista negra de los nazis.

Atrapados en la guerra

Ernst Jünger, que estaba destinado en París como oficial alemán, visitó el estudio de Picasso. El pintor malagueño le dijo: «Usted y yo podríamos negociar la paz esta tarde; por la noche, los hombres podrían sonreír».