Se llama Tavolara y se asienta en una pequeña isla de cinco kilómetros cuadrados del Mediterráneo, al sur de Cerdeña. Por José Segovia

Su soberano es Antonio Bertoleoni, más conocido como Tonino, un antiguo pescador octogenario cuyo tatarabuelo Giuseppe llegó a la isla en 1807 junto con sus dos esposas huyendo de la justicia, que lo acusaba de bígamo. Este islote poblado de cabras salvajes, cuyos dientes eran de color dorado por la ingesta de líquenes y algas, resultó el lugar idóneo para esconderse.

Con el paso del tiempo, la historia de esas cabras singulares llegó a oídos del rey de Cerdeña, Carlo Alberto, quien en 1836 organizó una expedición para cazar algunos ejemplares. Al llegar a la isla, Paolo, hijo de Giuseppe, se presentó como rey de la isla. Tras la partida de caza y varias comilonas en casa de Paolo, el rey de Cerdeña se despidió de su anfitrión tan complacido que le dijo: “En verdad, eres el rey de Tavolara”.

Tiempo después, Paolo recibió un documento de la Casa de Saboya que certificaba su condición de monarca del diminuto reino. La isla nunca había pertenecido al Reino de Cerdeña de forma oficial, y Carlo Alberto debió de pensar que su ocurrencia era inocua para la integridad territorial de su reino. Ni corto ni perezoso, Paolo diseñó su escudo de armas y construyó un cementerio para él y sus descendientes. Había nacido un nuevo reino en el mundo.

El rey de Tavolara es el tataranieto de un pescador que se escondió en el islote en 1807 porque era bígamo

La noticia corrió. Victoria emperatriz británica encargó al capitán de un barco que se detuviera en la isla para tomar una foto de la familia real de Tavolara, que se conservó en el palacio de Buckingham con una frase en el marco. El reino más pequeño del mundo . Si las fuentes no mienten, el rey de Cerdeña Vittorio Emanuele II firmó un tratado de paz con la isla en 1903. Un gesto innecesario. El reino nunca ha sufrido una guerra ni una invasión. Hasta 1962, cuando la OTAN construyó una estación de radio para submarinos en una zona que quedó vedada a los tavolarenses.

Aunque la isla nunca fue anexada a la Italia moderna, el reino no es reconocido por ningún país, lo que no inquieta al jubilado Tonino, cuya actividad principal es acompañar a los visitantes de su pequeño paraíso. Mientras él y su sobrino comandan el ferry que los une a Cerdeña, su hijo, el príncipe Giuseppe, administra el restaurante familiar construido junto a la playa.

Cinco kilómetros cuadrados

Soy posiblemente el rey más ordinario del mundo , afirma Tonino Bertoleoni mientras echa un ojo a su pequeño restaurante. Mi único privilegio es tener comidas gratis , subraya este monarca, que viste pantalones cortos y sandalias.

Traslado forzoso

En Tavolara había cabras con dientes dorados por la ingesta de líquenes y algas. Casi todas se trasladaron a Cerdeña en 1962, cuando la OTAN construyó en la isla una estación de radio. Todavía quedan varios ejemplares y un puñado de halcones que sobrevuela el pico más alto de Tavolara.