Los científicos nunca habían visto nada igual. Un objeto gigantesco e irregular, que parecía construido por algún ser inteligente. Por Carlos Manuel Sánchez

Si alguna vez encontramos vida en el universo, habrá que agradecérselo a un cabezota llamado Bill Borucki, el padre de la misión espacial Kepler.

Ingeniero de la NASA desde los años sesenta, es uno de esos empleados de la vieja guardia, que sabe de todo. Pero los viajes a la Luna terminaron y nadie sabía dónde meterlo para que no estorbase Lo cierto es que a este hombre, que se acaba de jubilar a los 76 años, sus jefes de la NASA le recomendaron calma. Y tiraron a la papelera cuatro veces su gran proyecto. lanzarse a buscar exoplanetas, es decir, planetas fuera de nuestro sistema solar.

Hoy, la misión Kepler es un éxito que sigue engordando sus estadísticas casi cada semana. Más de 4000 candidatos a exoplanetas descubiertos, más de 1000 confirmados, 19 parecidos a la Tierra. Y solo es el principio.

Este satélite artificial que orbita alrededor del Sol es una caja de sorpresas. A trancas y barrancas, con averías y cancelaciones, pero tirando de ingenio, sigue deparando emociones fuertes. El último sobresalto tiene a los astrónomos rascándose la coronilla. ¿Qué demonios es esa cosa que orbita alrededor de la estrella KIC 8462852 y que se parece a un planeta lo que un montón de cajas rotas a un balón?

Kepler es una misión espacial low cost: 600 millones de dólares (544 millones de euros). Hace un par de años que su telescopio debería estar ‘desenchufado’. La nave tiene dos volantes de inercia hechos cisco (los giróscopos que le permiten apuntar siempre al mismo lugar del cielo), pero sigue aprovechando el empujoncito de la radiación solar, como una barca al pairo mecida por las olas, para mantener la posición a duras penas

UNA MISIÓN LLENA DE ‘ACHAQUES’

Todo empezó en 1983 con un artículo firmado por Borucki y un colega. La idea la resume el astrofísico Daniel Marín en el blog Eureka. Si tenemos la suerte de que un planeta pase delante del disco de su estrella, podremos detectar su presencia a través de la disminución de brillo del astro. Cuanto más grande sea el planeta, mayor será esta disminución . Esta técnica fue bautizada método del tránsito. Si esa reducción del brillo se repite periódicamente, hay que sospechar que se trata de un objeto en órbita. Elemental, ¿no?

Pero hay problemas. Uno de ellos, y no menor, es que no se trata de un gran apagón. Es más bien un minieclipse apenas apreciable. Como dijo el propio Borucki. Es como mirar los faros de un montón de coches a kilómetros de distancia, y en uno de esos faros encontrar una pulga .

Total que cuando Borucki propuso poner un telescopio en órbita para cazar tránsitos planetarios, la NASA le dio largas Borucki tardó varios lustros en convencer a sus jefes de que su propuesta no era descabellada. Construyó unos cuantos prototipos, cada vez más baratos

Desesperanzado, pasó una temporada recluido como un ermitaño en el observatorio Lick del monte Hamilton, en California; unas instalaciones precarias infestadas de ratones. Hasta que, por fin, la NASA incluyó su proyecto en la misión Discovery. Era el año 2001. Pero el telescopio, instalado en una nave de una tonelada, no fue puesto en órbita hasta 2009. Funcionó durante cuatro años y se prorrogó la misión hasta 2016. Pero los ‘achaques’ obligaron a suspender operaciones en 2013. No obstante, sigue dando guerra y proporcionando datos, aunque no tan precisos, como si el telescopio se hubiese contagiado del carácter indomable de su creador.

El telescopio mide 1,3 metros de diámetro y tiene una resolución de 95 millones de píxeles. Hace una ‘foto’ cada seis segundos (en realidad, escanea el cielo y toma medidas del brillo de cada estrella) y envía los datos a la Tierra. Hay billones de datos por analizar. Un auténtico pajar donde seguir buscando agujas.

SU EXTRAÑO DESCUBRIMIENTO

La extraña estrella KIC 8462852, que está a unos 1500 años luz de la Tierra, fue descubierta por Kepler en 2009. Nunca hemos visto nada igual. Pensamos que los datos podían ser erróneos o deberse a un zarandeo en la nave, pero lo hemos comprobado y son correctos , declaró Tabetha Boyajian, de la Universidad de Yale, a The Atlantic. Lo que se aprecia son varios tránsitos. Ocurrieron entre los días 788 y 795 de la misión Kepler. Y entre los días 1510 y 1570. Los investigadores los han bautizado como el ‘evento D800 y D1500’. El D800 parecer ser un simple tránsito de un objeto gigantesco y de forma irregular (no es redondo como un planeta) que bajó la luz de la estrella un 15 por ciento. Y el segundo parece ser una pasada de varios tránsitos, indicando un enjambre de objetos, forzando una bajada del brillo del 22 por ciento.

En un sistema solar joven y en formación se dan estos amontonamientos. Hasta que la gravedad lo organiza todo, ‘limpia’ el polvo, barre los escombros y pone a cada planeta en su sitio. Pero esta estrella no es joven. Su señal infrarroja delata una edad más bien madura. Una ‘madurita’ interesante Boyajian ha indagado las posibles explicaciones naturales. defectos del instrumental, la metralla de un cinturón de asteroides, una colisión planetaria Pero ninguna es del todo plausible. Como en las investigaciones policiales, todas las hipótesis siguen abiertas.

EN BUSCA DE UN MENSAJE INTELIGENTE

Y la hipótesis que se ha convertido en viral es la de Jason Wright, astrónomo de la Universidad de Penn State. Parece la clase de cosa que esperarías que una civilización alienígena construyera . Wright sugiere que el patrón de luz se corresponde con un sistema de megaestructuras artificiales, quizá paneles solares en órbita de una civilización tecnológicamente muy avanzada, capaz de ‘ordeñar’ hasta el último vatio de energía de su estrella. Wright y Boyajian le han pedido ayuda a Andrew Siemion, director del Instituto SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre) de la Universidad de California en Berkeley. Les han concedido un turno para que el complejo de radiotelescopios de Nuevo México apunte a esa estrella con sus antenas por si capta emisiones inteligentes. Lo hará en 2016.

De momento, la única señal de radio de origen desconocido de lae constancia la captó el radiotelescopio Big Ear de Ohio en 1977. Se la conoce como la ‘señal Wow!’ (equivalente a la onomatopeya ¡guau!), por la anotación que hizo el investigador que trabajaba en los registros. Procedía de la constelación de Sagitario. Duró 72 segundos, alcanzó una intensidad 30 veces superior al ruido de fondo y nunca más se repitió. ¿Fue una interferencia o un mensaje? Está por ver si el año que viene exclamaremos otra vez. ¡Guau! .

Una estrella rara rara. Algunos científicos aseguran que lo que ha captado la misión Kepler se parece a la esfera de Dyson, una megaestructura hipotética que propuso en 1960 el físico Freeman Dyson. Se trataría de una estrella con una cubierta esférica, que permitiría a una civilización avanzada aprovechar al máximo la energía lumínica y térmica del astro.


 El buscador de otros mundos

El físico que ideó la misión Kepler, Bill Borucki

Sus jefes de la NASA tiraron a la papelera cuatro veces su gran proyecto: lanzarse a buscar exoplanetas, es decir, planetas fuera de nuestro sistema solar. La misión Kepler, ideada por el físico Bill Borucki, ya ha encontrado 19 planetas parecidos a la Tierra. Y no ha hecho más que empezar.


KLEPER: EN BUSCA DE OTRAS “TIERRAS”

El telescopio espacial de la NASA ha detectado más de la mitad de los 1800 exoplanetas que conocemos. No solo ha descubierto la extraña estrella KIC 8462852. El pasado verano se confirmó que otro de sus hallazgos, el Kepler-452b, tiene dimensiones similares a las de la Tierra y podría ser habitable.

UN CAZADOR DE EXOTIERRAS

Concebido por la NASA para descubrir planetas parecidos a la Tierra fuera de nuestro sistema solar. El plano focal está compuesto de 42 sensores de imagen CCD. Es la mayor cámara en el espacio.

¿Cómo funciona? Tiene un diámetro de 140 cm y una lente correctora de 95 cm. Detecta levísimas variaciones de brillo en 170.000 estrellas. Toma imágenes cada 6 segundos, las procesa y solo envía los píxeles de interés.

El fotómetro. 95 megapíxeles. Se mantiene refrigerado a 85 bajo cero; Radiadores externos disipan el calor; Paneles solares (2); Detectores de estrellas (2); Protección solar; Antena de gran ganancia; Propulsores.

Detectar un minieclipse. Utiliza el método de tránsito. detecta el paso de un planeta entre la estrella y Kepler durante su órbita. Son como minieclipses invisibles desde la Tierra.

Una supertierra. Kepler-452b es un exoplaneta que orbita una enana amarilla, identificado por el telescopio Kepler y confirmado por la NASA el pasado verano. Es el primer cuerpo planetario que cuenta con dimensiones similares a las de la Tierra y que orbita dentro de una zona de habitabilidad parecida a la de nuestro Sol. Está a 1400 años luz. Tardaríamos 25 millones de años en llegar a él. Su temperatura media. 29 . Entre los exoplanetas con mayor índice de similitud con la Tierra, 7 han sido descubiertos por Kepler.


¿Una zona habitable?

La zona de habitabilidad de una estrella como el Sol suele estar a una distancia entre 0,84 y 1,67 Unidades Astronómicas (1 UA equivale a 150 millones de quilómetros). Luz, temperatura, gravedad, atmósfera, agua liquida, etc. permiten la vida. Condiciones para ser un exotierra.

1. La órbita.  Órbitas que favorecen la presencia de agua líquida.

2. La composición.  Debe haber suficientes elementos pesados que favorezcan la formación de planetas rocosos y de átomos necesarios para la vida.

3. La posición.  Deben estar situados lo bastante lejos del centro de la galaxia para evitar estos peligros. Aproximaciones de otras estrellas que provoquen inestabilidad orbital o lluvias de asteroides y cometas, Radiaciones de supernovas y Agujeros negros