Son los grandes olvidados. Más de 96.000 personas han desaparecido en el largo conflicto colombiano y, hasta hace poco, nadie se había preocupado de dar con ellas. Excepto sus familias. Ahora, su búsqueda ha abierto una puerta a la reconciliación. Por Fernando Goitia y Álvaro Ybarra Zavala

Son las dos de la tarde de un viernes cualquiera en la ciudad de Medellín (Colombia). Junto a la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, un grupo de mujeres se manifiestan con pancartas que muestran los rostros de sus hijos desaparecidos. Son las Madres de la Candelaria. un grupo de mujeres, lideradas por Teresita Gaviria, que se concentra, desde hace 16 años, ante la puerta de esta iglesia de Medellín. Todos los viernes exigen allí respuestas sobre el paradero de sus hijos desaparecidos. Las madres de la Candelaria no somos parte de la guerra, pero sí somos parte de la paz. Vivos se los llevaron, vivos los queremos , gritan a coro las madres ante la indiferencia de muchos transeúntes.

Estas mujeres tienen muchísimo mérito subraya la doctora Mercedes Palacio, responsable de la Unidad de Identificación Humana de la Fiscalía de Medellín. Durante años nadie les hacía caso, vivían bajo un fuerte estigma. En Colombia, todo el mundo marcha por los secuestrados. Nadie marcha por los desaparecidos. La gente daba por sentado que ‘algo habrían hecho’ .

Mientras habla, la doctora revisa el expediente de un cuerpo que se dispone a identificar. Ella y su equipo antropólogos, odontólogos, médicos, un asistente y un fotógrafo llevan siete años exhumando e identificando cuerpos. Este no es un trabajo fácil se lamenta Palacio. Las familias esperan al familiar desaparecido, no una cajita que, a veces, solo incluye tres huesitos. Lleva un tiempo prepararlos para ese paso. Por desgracia, en este país el drama de la desaparición forzada se repite con demasiada frecuencia .

En concreto, Palacio y su equipo han exhumado más de 1300 cuerpos de personas desaparecidas. Apenas la mitad de ellos han podido ser identificados y devueltos a sus familias. Y esto solo en Antioquia, uno de los 32 departamentos que tiene Colombia. En todo el país, desde 2007, los equipos de la Fiscalía General de la Nación han recuperado, en casi 4500 fosas, alrededor de 6000 cadáveres. Son cifras de un conflicto que, desde 1958, se ha cobrado más de 220.000 muertes entre civiles, guerrilleros, militares y paramilitares y que remiten a matanzas que no produjeron titulares de prensa; a asesinatos sistemáticos y premeditados de los que ningún bando está libre de culpa, si bien la balanza siempre tiende a inclinarse hacia algún lado.

En el centro penitenciario de alta seguridad de Itagüí, a las afueras de Medellín, cumplen condena los principales comandantes paramilitares, responsables de crímenes contra la humanidad y de algunos de los más sangrientos episodios de la reciente historia de Colombia. Ninguno, sin embargo, pasará aquí más de ocho años. Es el límite que impuso la Ley de Justicia y Paz, aprobada en 2005 por el Gobierno de Álvaro Uribe, que culminó con la desmovilización de unos 32.000 paramilitares. A cambio, eso sí, de confesar todos sus delitos y de colaborar con la justicia.

Por eso, muchos de los inquilinos de Itagüí trabajan mano a mano con fundaciones, asociaciones o con el grupo de Palacios en labores de reparación de las víctimas. Un movimiento solidario visto con escepticismo por muchos analistas, para quienes todo esto se resume en un intento de lavar la imagen de las llamadas Autodefensas ahora que el Gobierno y las guerrillas acercan posiciones hacia la paz en las conversaciones de La Habana. Lo cierto, en todo caso, es que la colaboración está dando sus frutos.

Prácticamente cada semana salimos al terreno con un comandante que asegura que en tal sitio enterraron a tantas personas tras ser ejecutadas. Muchas veces es verdad, otras no encontramos nada revela Palacio. En todo caso, sin la ayuda de algunos comandantes nunca hubiéramos hallado muchos de los cuerpos que hemos recuperado .

Rodrigo Alzate, alias Julián Bolívar, es uno de ellos. Desmovilizado en 2005, este excomandante de las Autodefensas y autor confeso de más de 1500 crímenes es el creador de la Fundación Aulas de Paz, una de las organizaciones más activas en la labor de reparación de víctimas. Su lema. Si en el pasado recluté hombres para la guerra, hoy mi propósito es convocar hombres y mujeres para la paz . Su trabajo cuenta con el apoyo de las Madres de la Candelaria, que incluso recomendaron al presidente Juan Manuel Santos suspender la orden de extradición a los Estados Unidos que pendía sobre él.

Desde hace dos años, madres de desaparecidos y exparamilitares mantienen talleres periódicos en el interior de la cárcel. En estos encuentros, víctimas y verdugos nos miramos a los ojos cuenta Teresita Gaviria, presidenta de las Madres de la Candelaria. Les preguntamos por nuestros hijos, dónde los enterraron. Y ellos nos piden que, por muy difícil que nos resulte, los perdonemos. Es una situación intensa, muy dura, pero la verdad y el perdón son necesarios para construir la paz. Debemos mirar al futuro, no podemos mirar siempre al pasado .

Entre las madres que acuden a la cárcel de Itagüí para entrevistarse con loreno. El 23 de diciembre de 2002, Moreno vio por última vez a su hijo Alexander. Reclutado a la fuerza por los paramilitares, combatió en el departamento del Caquetá. No sabía nada de mi hijo, hasta que un día recibí una llamada rememora. Una persona me decía que estaba muerto, que se había ahogado en el río Pescado, en Florencia, y que no lo buscara. Viajé de inmediato a Florencia para buscar a mi hijo, pero no encontré nada. Años más tarde recibí otra llamada. Un chico que se hacía llamar Esnaider me ofrecía información sobre Alexander. Al parecer, él, mi hijo y otro muchacho habían acordado intercambiarse información en caso de que algún día les pasara algo. Me contó que lo del río Pescado era mentira, que a Alexander lo ejecutaron por intentar huir. Lo ataron a un palo, lo torturaron y lo descuartizaron. Nunca recuperaré su cuerpo .

Blanca Moreno lleva años recibiendo ayuda psicológica. Su trabajo con las Madres de la Candelaria ha sido su refugio en estos años de duelo. He perdonado a los verdugos de mi hijo admite. Todos los días pido a Dios por el perdón de sus asesinos, pero también por el daño que mi hijo haya podido hacer a otras personas inocentes .

Las Madres de la Candelaria llevan 16 años prestando apoyo psicológico y ayuda legal a las familias de los cerca de 96.000 desaparecidos del conflicto colombiano. Nuestra situación es terrible denuncia Teresita Gaviria. Estamos olvidados. Pocos se preocupan por nosotros, y quienes lo hacen sufren todo tipo de trabas .

El caso más sangrante es el de los llamados ‘falsos positivos’. Es donde más trabas nos encontramos , afirma un funcionario de la Fiscalía de Bogotá, que rehúsa dar su nombre por razones de seguridad. Por falsos positivos se conoce en Colombia a las ejecuciones extrajudiciales de civiles más de 1000 casos están bajo investigación por miembros de las Fuerzas Armadas que las hacían pasar por guerrilleros caídos en combate. El escándalo salió a la luz en 2008 y puso en tela de juicio la estrategia de seguridad del presidente Álvaro Uribe, muy cuestionado por las sospechas de vinculación con el paramilitarismo.

Siete años después, estos cadáveres continúan salpicando al Ejército. Varios oficiales y suboficiales han sido destituidos en relación con este asunto que se cobró también la renuncia del mismísimo jefe del Ejército, el general Mario Montoya Uribe. Siempre tenemos problemas cuando nos toca exhumar una fosa común atribuida a guerrilleros muertos en combate revela el funcionario de la Fiscalía. Hace poco, exhumamos varios cuerpos en Caquetá. Los identificamos y todos ellos correspondían a personas que constaban como desaparecidas y que nunca habían tenido relación con la guerrilla. Ojalá algún día se sepa todo lo que ha ocurrido, aunque, honestamente, lo dudo. Me temo que en Itagüí apenas cumple condena la punta del iceberg .

Mientras tanto, en el penal antioqueño prosigue el programa de reparación de víctimas de Aulas de Paz, en colaboración con la asociación de Madres de la Candelaria. Varias familias, al menos, han obtenido gracias a él respuesta sobre el destino de sus seres queridos. Una tarea, en todo caso, plagada de obstáculos.

Hoy no tenemos buenas noticias , afirma el excomandante Rodrigo Alzate, sentado en su oficina, en las dependencias de Itagüí. En su última reunión con Teresita Gaviria se comprometió a obtener información sobre el paradero de Ingrid Meneses, hija de doña Marta, fiel colaboradora de Gaviria. Meneses desapareció el 29 de noviembre de 2010, junto con su novio, en Yarumal, 125 kilómetros al norte de Medellín. Doña Marta nunca más volvió a saber de ella.

Ingrid y su novio fueron retenidos por un grupo paramilitar que opera en la zona, los Urabeños, una de las Bandas Criminales Emergentes (Bacrim), como se conoce a las organizaciones mafiosas surgidas tras la desmovilización de las Autodefensas. Esta, en concreto, está considerada hoy como el grupo paramilitar más grande, peligroso y mejor estructurado de toda Colombia; por número de combatientes, presencia territorial, volumen de droga con el que trafican y también por su crueldad. Claro que hace tiempo que en Colombia se agotaron ya los términos para definir atrocidades.

Rodrigo Alzate se prepara para compartir la información que ha conseguido obtener sobre el destino de Meneses. Ya sabemos qué le ocurrió a la hija de doña Marta deja caer el exparamilitar. Fue ejecutada ese mismo día. Ella y su novio fueron descuartizados para hacerlos desaparecer sin dejar rastro. Después lanzaron sus restos al río. Poco se puede hacer ya .

Tumbas anónimas

Un grupo de madres y familiares de desaparecidos celebran una vigilia en el cementerio universal de Medellín. El camposanto es célebre en Colombia por ser uno de los que acoge más tumbas sin nombre de todo el país.

Crueldad mafiosa

Ingrid Meneses y su novio desaparecieron el 29 de noviembre de 2010. Sus padres desconocían su paradero hasta el pasado marzo. Un excomandante de las Autodefensas arrepentido los ayudó en el caso. Descubrió que ambos fueron ejecutados por los Urabeños, el más temido grupo paramilitar en activo. También que después los descuartizaron y que echaron sus restos a un río.

Descanso sin paz

Berta Mejias muestra la foto de su marido, desaparecido la Nochebuena de 1988, cuando se dirigía a su trabajo en una hacienda. Tras pasar años buscándolo, supo que había sido ejecutado por paramilitares ese mismo día. Cuando quiso viajar al lugar donde le dijeron que estaba enterrado, recibió numerosas amenazas.

Madres coraje

Inspirada en las Madres de Plaza de Mayo, en Argentina, el 19 de marzo de 1999 nació la Asociación Caminos de Esperanza Madres de la Candelaria. Ignorado durante años, el grupo ha conseguido poner sobre la mesa el problema de los más de 96.000 desaparecidos del conflicto colombiano.

Ponerles nombre

Los cadáveres sin identificar se guardan en cajas. Cada una lleva un número asignado.

Víctima y verdugo

Teresita Gaviria perdió a su padre, un hermano y un hijo a manos de paramilitares. Hoy, como directora de una ONG de madres de desaparecidos ha encontrado una ayuda inesperada en Rodrigo Alzate, antiguo líder de las Autodefensas. Desde hace dos años, Alzate revela a las madres la ubicación de las posibles tumbas de sus hijos a cambio de su perdón.

Confesar y expiar

La prisión de máxima seguridad de Itagüí acoge a comandantes paramilitares desmovilizados durante el gobierno de Álvaro Uribe. Cumplen condenas por crímenes contra la humanidad. Sus penas, sin embargo, no sobrepasan los ocho años. Es una de las concesiones de la ley de 2005 que posibilitó desmovilizar a 32.000 paramilitares a cambio de confesar todos sus delitos y colaborar con la justicia.